Los tres reptiles, el mayor de los cuales mide casi dos metros, fueron transportados desde el Centro de Valoración de Fauna Silvestre de San Emigdio en Palmira hasta la parte alta del río Papayal. Se busca proteger a los reptiles de la depredación humana.
SE ESPERA QUE “FORMEN PAREJA” Y SE REPRODUZCAN
B-305 Cali, 21 de Octubre de 2013
Tres cocodrilos: una hembra y macho adultos y una cría, fueron liberados por la CVC en la parte alta del río Papayal, cerca al río Mallorquín en la Costa Pacífica vallecaucana. Los tres animales habían sido víctimas de tráfico de especies y se decidió liberarlos luego de pasar un período de cuarentena en el Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre, CAVF de San Emigdio en Palmira.
Los reptiles, uno de los cuales mide casi dos metros, (otro 1,70 y la cría 50 centímetros) fueron transportados con especiales cuidados desde el CAVF San Emigdio de la CVC hasta esta apartada zona de la Costa Pacífica. Contrario a lo que pudiera pensarse, se buscó esta zona aislada para no para proteger a los seres humanos de los cocodrilos sino todo lo contrario.
“Tenemos la lamentable creencia de que estos animales atacan al ser humano, ellos en cambio le huyen, porque nos perciben de mayor tamaño y nos toman como un posible depredador. Los llevamos a la parte alta del río Papayal, donde no hay cazadores, la selva es espesa y hay la posibilidad de un 80% de que los animales continúen con su vida”, explica Luis Enrique Villalba, técnico veterinario de la CVC, quien acompañado de dos lancheros y un conductor se encargó del transporte y liberación de los reptiles.
Los tres animales habían sido recuperados en casos aislados de tráfico de fauna silvestre “lamentablemente las personas capturan estos animales en el medio natural, los tienen durante un tiempo y luego empiezan a transportarlos de un sitio a otro y en ese momento es cuando en operativos de la Policía Ambiental o la Policía de Carreteras y la CVC se captura en flagrancia a estos delincuentes, en este caso se trató de operativos en Loboguerrero y Tuluá”, añade Villalba.
Los animales estuvieron en cuarentena, esto tiene por objetivo asegurarse de que tras su contacto con los seres humanos no lleven contaminación biológica a su medio natural cuando sean liberados. En este caso, los cocodrilos estuvieron mes y medio en San Emigdio donde contaron con los mejores cuidados.
“En estos animales es muy difícil alimentación natural, lo que se hace es una inducción de alimentación: al animal se le abre la boca y a través de un tubo de PVC grueso se le introducen trozos de peces para que él se alimente esperando que no lo regurgite”, explica Villalba.
Cuando un animal silvestre entra en contacto con los seres humanos este corre el riesgo de “improntarse” es decir que se “encariñe” y acostumbre al contacto humano volviéndose dependiente e incapaz de sobrevivir por si mismo, haciendo imposible una liberación exitosa. Pero eso no ocurre con los cocodrilos, “estos animales, como todos los reptiles, no tienen improntación porque tienen un cerebro demasiado primitivo, pueden acostumbrarse a la presencia humana, pero no se improntan o humanizan como ocurre con los mamíferos o algunas aves” explica.
Tras la cuarentena, un grupo de biólogos de la Dirección Técnica Ambiental y la Dirección de Gestión Ambiental de la CVC decidieron que lo mejor era liberarlos. “Esperamos que estos cocodrilos formen pareja en su período de apareamiento y podamos tener de nuevo una descendencia buena en esa parte del río Papayal”, concluye Villalba.
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Proyectó: Hermann Bolaños Caro
Revisó: Luis Enrique Villalba, Alvaro Botero, Wilson García










